Gail Halvorsen: Una dulce esperanza.

Gail Halvorsen: Una dulce esperanza.

Un joven oficial al mando de un C-54, Gail Halvorsen, aterriza en uno de los aeródromos de Berlín. Poco después de bajar del avión, observa como una docena de niños miran asombrados los aviones aterrizar y decide acercarse a ellos. Halvorsen, como un gesto de simpatía, saca un par de chicles que guardaba en el bolsillo y los arroja hacia los niños, que se abalanzan desesperados ante el dulce.

Quedó impactado al ver que los dos afortunados que recogieron las golosinas decidieron dividir los chicles en doce pedazos iguales, repartiéndolos entre los demás niños, sintiéndose aquel día los jóvenes más afortunados del mundo.

Al llegar a su zona de abastecimiento, Halvorsen decide comprar con sus ahorros todos los dulces posibles y construye como puede dos paracaídas pequeños. Al día siguiente poco antes de tocar tierra en Berlín, hizo caer los presentes hacia el grupo de niños, quienes de inmediato se abalanzaron ante el asombroso regalo.

Halvorsen repite esto durante los días posteriores, pero el número de niños de pie frente la cabecera de la pista de aterrizaje es cada vez mayor. Es ahí cuando decide crear el “Escuadrón de los Pequeños Víveres”.

Un grupo cada vez mayor de pilotos voluntarios comienza a comprar todos los caramelos, chicles y dulces posibles, construyendo en su tiempo libre cientos de paracaídas.

Todos los días cientos de caramelos caen desde el cielo de Berlín. Los aviones que antes arrojaban bombas, ahora arrojaban dulces. Con sólo ladear el ala a la derecha, ya los niños sabían que se acercaban sus provisiones: “¡Ahí viene Uncle Wiggly Wings! ¡Se acercan los dulces!” grupos de pequeños corrían hacia la zona de descarga. Estos bombarderos sobrevolaban la ciudad más o menos cada 3 minutos.

Cuando su oficial supervisor se enteró de esta acción, la unidad la convirtió en la “Operación Pequeñas Vituallas” oficial. La labor comenzó a atraer la atención de los medios de comunicación y de niños de otras partes de Alemania.

La parte más importante de este lanzamiento fue que la mayoría de los niños alemanes solo sabían que los americanos los bombardearon y posiblemente mataron algún miembro de su familia. El efecto de la caída de dulces era dar esperanza y un poco de alegría a las personas más frágiles de la población; los niños.

Es recordado como uno de los actos más influyentes para reparar las relaciones entre Alemania y los Estados Unidos. Gail Halvorsen consiguió elevar la moral de aquellos niños durante ese tiempo de tristeza y privaciones. Como un joven berlinés le dijo más tarde: “No era sólo el chocolate. También era la esperanza”